domingo, 31 de marzo de 2013

Sobre el movimiento estudiantil y nuestra responsabilidad


A quienes están en contra del movimiento estudiantil, a quienes dicen que no es la forma, a quienes llaman a volver a clases. A quienes no están ni ahí, a quienes no están seguros. También a quienes apoyan y a los que ponen sus energías y pensamientos en cambiar la educación de nuestro país, porque nunca está demás reafirmas nuestras convicciones, me gustaría dedicarles unas palabras.

Tenemos frente a nuestros ojos el movimiento ciudadano más grande desde la vuelta a la democracia. Grande en cantidad de personas en las marchas, convocando hasta 400 ó 500 mil personas a lo largo del país. Pero no sólo eso. Grande en creatividad, en encontrar distintas formas de expresión y de manifestación. Grande en la capacidad que ha tenido de plasmar las distintas habilidades de las personas en hechos concretos. Esto, a mi modo de ver, ha sido clave en tener un movimiento inclusivo y transversal. Los deportistas (y no tanto) han podido correr alrededor de la moneda. Los enamorados y por enamorarse han podido besarse de forma colectiva llamando la atención de un país conservador. Los más ñoños han estudiado la factibilidad de las demandas estudiantiles y han analizado exhaustivamente las respuestas del gobierno. La música y el arte nos han acompañado en todo este proceso. Toda la familia ha podido hacer su aporte a través de los cacerolazos que escuchamos en las noches. Sería difícil y muy largo recordar todas las actividades que hemos realizado para mostrar nuestro descontento con el sistema educativo y para hacer llegar nuestras demandas a la sociedad y al gobierno. También ha sido grande en apoyo de los estudiantes, de los profesores y de las familias. En la legitimidad de sus demandas y en la necesidad de transformación que tiene todo el país para ser más libre e igualitario.

Ha habido otros grandes movimientos a lo largo de la historia. Mayo del 68 en Francia es un buen ejemplo, o la Reforma Universitaria que vivimos en Chile durante el mismo período. En esta última, los estudiantes planteaban una relación más estrecha entre la universidad y los problemas de la sociedad, y la participación de la comunidad universitaria en las decisiones de la institución, entre otros.

Empecé a escribir esto, porque estaba pensando justamente en lo triste que debe ser, haber vivido en esa época, y no haber sido parte de los lindos procesos que llevó a cabo la sociedad. Más aún: ¿cómo le dirán a sus hijos, cuando les pregunten curiosos por estos movimientos transformadores, que no estaban ni ahí, o que estaban en contra? ¿Cómo les explicarán que el país avanzaba hacia un mundo mejor, y que ellos se dedicaban a seguir su vida? O peor, que se dedicaban a frenar los cambios que el país necesitaba.

A aquellos que dicen estar de acuerdo con el trabajo, con las discusiones, pero que la forma no es la correcta, les pregunto: ¿Qué han hecho ustedes por la educación de nuestro país? Si tienen una receta mágica, distinta a las tradicionales que ha habido a lo largo de la historia, ¿por qué no nos la muestran?

Hoy día Chile necesita cambios estructurales en la educación. Tenemos un sistema en crisis, en que la educación es un derecho en el papel, pero en la práctica esto no está garantizado por el Estado. El acceso y el financiamiento a las instituciones desde la pre-básica hasta la universitaria, son injustos y discriminadores.  Sistema en que quienes estudian deben vivir endeudados para pagarlo. En que bajo las lógicas del autofinanciamiento, la educación acaba estando al servicio del mercado y no de las necesidades del país.

Simplemente quiero, en este contexto, hacerles un llamado a que seamos parte de este proceso de cambio. A que no seamos indiferentes, a que no nos quedemos en peleas chicas, a que no miremos hacia atrás el día de mañana, y pensemos que podríamos haber hecho la diferencia. Esto lo podemos y debemos hacer hoy. No es momento de bajar los brazos, sino de dar lo mejor de nosotros, con más fuerza y convicción. Me gustaría invitar a cada uno de los que lea este pequeño texto, a que en su espacio y con sus capacidades, de la forma que pueda, sea parte activa de este gran movimiento social. Depende de nosotros cambiar la educación de nuestro país. ¡Hagámonos cargo!


Publicación original 19 de agosto de 2011

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